El duelo y sus dimensiones

El duelo y sus dimensiones

Todos nosotros hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, lo que conocemos como “duelo”, sin ser consciente de aquello, debido a que existe la concepción de que un duelo sólo se experimenta tras la muerte de un ser querido, sin embargo, el concepto de duelo alude a un conjunto de sentimientos, pensamientos, estados de ánimo, comportamientos y reacciones que experimentamos tras vivir una pérdida. Según describe L.Grinberg, vivir implica pasar por una sucesión de duelos; la evolución da tiempo al yo a la elaboración de las pérdidas y al restablecimiento de los momentos transitorios de trastorno de la identidad.

Dentro de las pérdidas normativas, ésta, el duelo de la niñez, el duelo de la adolescencia, el duelo en la adultez, el duelo de la partida de los hijos, el duelo en la vejez, el duelo de la partida de nuestros padres, entre otros. Durante todas estas etapas, la persona se va adaptando de forma gradual a la nueva realidad hasta que está preparada para aceptarla. Por lo tanto, el duelo es la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo. El duelo, en definitiva, es una crisis existencial que nos puede servir para crecer, o, por el contrario, para debilitarnos y enfermar, dependiendo como lo afrontemos.

Además, existen duelos no normativos, como por ejemplo, la llegada de una enfermedad o la muerte de un ser querido tras un accidente. Estamos más expuestos a vivir aquellos duelos normativos, que los no normativos, sin embargo, el impacto emocional de aquellos es menor, ya que son pérdidas a las que de alguna manera nos hemos ido preparando a lo largo de nuestra vida. El duelo presenta variadas etapas, como la negación, el enojo, la pena, la culpa, el vacío, la frustración y posteriormente la aceptación. La aceptación, llega cuando todas las demás emociones se han experimentado. Cuando estamos en la etapa de las emociones, pareciera que nuestra identidad se desintegrara, nos hacemos preguntas como ¿Para qué seguir?, ¿Qué motivo tengo para seguir viviendo?, olvidando la esencia de nuestra identidad, por lo que, cuando se logra llegar a la fase de la aceptación, la persona, ya no se sentirá desalentado(a) ni irritado(a) por su destino, ya que se acepta la situación, configurando una nueva y propia identidad. Se sigue siendo uno mismo, solo que ahora más sabio, con un nuevo aprendizaje. El duelo, habla de la importancia de darse permiso para sentir, pues muchas personas que no lo hicieron, no llegan a esta fase, la fase del crecimiento, de la evolución, no logrando generar nuevos cambios, sino que generando ataduras para no soltar su antiguo yo, el que estaba relacionado con las antiguas vivencias o conductas.

Muchas de las personas que llegan al espacio de psicoterapia, se encuentran en las primeras etapas, como lo es la negación, la rabia, la frustración, la profunda tristeza o la culpa, sin embargo les cuesta reconocerlas y mucho mas darse cuenta del porque no logran salir de aquel estado. La psicoterapia, lo que hace, es ayudar al paciente a entender sus emociones, como también entender el porqué no se quiere aceptar dicha pérdida, lo que muchas veces pareciera estar relacionada con el miedo a olvidar aquello que configuraba, en ese entonces su identidad. Sin embargo, cuando los pacientes se dan cuenta que esa identidad no desaparece, sino que evoluciona, logran dar el paso poco a poco a la anhelada aceptación, aliviando todo tipo de malestar.

Les saluda,

Ps. Nathalie Pincheira.

Directora de Centro de Salud Alianza.