Los individuos vivimos en una comunicación constante con nuestro entorno. Allí nos relacionamos con las personas que nos rodean. Las relaciones interpersonales que se entablan pueden ser positivas o negativas, dependiendo de la situación o contexto. Por ello, en el presente texto se abordará el tema de la relación interpersonal, así como algunos de sus aspectos claves, especialmente para evitar las relaciones interpersonales negativas.
Se considera que las relaciones humanas constituyen una actividad inherente al individuo, pues el sujeto es un ser social por naturaleza.
“Las potencialidades del espíritu humano no se acaban en sí mismo, sino que necesita de otros, ya que por su plasticidad, adaptabilidad, y capacidad receptiva, ha de realizarse como persona y en facilitación con su entorno”, agrega García García (1996).
El entorno social es clave para potencializar nuestras capacidades
Todo proceso comunicativo posee un emisor y un receptor, los cuales experimentan una retroalimentación constante, bien sea en el ámbito laboral, económico, cultural, deportivo, religioso, educativo, social o familiar, entre otros. Es decir, el proceso comunicativo se da en medio de cualquier esfera de la cotidianeidad.
Autores como García García (1996) señalan que la comunicación resulta un factor trascendental en la construcción de la identidad del individuo, desde la perspectiva de la identidad personal, social e ideal en cuanto a lo que se quiere llegar a ser.
La comunicación es fundamental para la formación de la identidad de las personas
Al respecto, “las conductas comunicativas contribuyen a mantener una relación interpersonal gratificante” (García García, 1996).
Existen varias formas en las que se pueden clasificar las relaciones interpersonales:
De esa manera, según el grado de cercanía hay relaciones interpersonales:
Las relaciones interpersonales tienen propósitos claros que guían la interacción
Desde la perspectiva de la psicología social, las relaciones interpersonales se agrupan en:
Finalmente, la relación interpersonal amorosa es aquella en la que dos personas se vinculan a través del compromiso, pasión e intimidad.
Existen varios estilos para interrelacionarse con los demás: asertivo, pasivo, manipulador o agresor. Una persona será proclive a asumir algunos de estos estilos según lo aprendido en la infancia.
En este sentido, muchos de los conflictos interpersonales suelen aparecer cuando un individuo posee un estilo agresivo, dado que son personas a las que: le cuesta explicar bien su opinión, no toman en cuenta a los demás y no respetan las ideas o sentimientos del resto.
Los conflictos surgen cuando hay una forma de comunicación agresiva en las relaciones
Entre los comportamientos que constituyen importante fuente de conflictos destacan:
La intimidación se utiliza para manipular a los demás y conseguir lo que se quiere
Naranjo Pereira (2008) manifiesta que para evitar las relaciones interpersonales agresivas es muy importante diversos elementos que favorezcan la asertividad, tales como:
Una comunicación clara mejora la atención y comprensión en las relaciones
Aunado a lo anterior, resulta importante actuar de una forma asertiva, a fin de evitar las relaciones interpersonales de tipo agresivo, pasivo o manipulador.
La asertividad permitirá expresar claramente nuestras emociones, poner límites a los demás, actuar de forma responsable en base a los intereses propios, pero sin irrespetar a los demás ni agredir, lo que derivará, en definitiva, en relaciones interpersonales mucho más constructivas y duraderas.
Como lo resume Naranjo Pereira (2008) al destacar la importancia que tiene la asertividad en las relaciones interpersonales: “La persona asertiva evita que la manipulen, es más libre en sus relaciones interpersonales, posee una autoestima más alta, tiene más capacidad de autocontrol emocional y muestra una conducta más respetuosa hacia las demás personas”.
Las relaciones asertivas son fundamentales para mantener un entorno saludable y respetuoso